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Alexander Luengas, experiencia actoral en Antonio Nariño

Por: webmasterlocal
Publicado el: Mayo 2018
En entrevista con el Teatro Villa Mayor, Alexander Luengas, miembro fundador de la Compañía La Barca a la Deriva, nos cuenta su recorrido artístico desde que siendo niño se interesó por la actuación, hasta llegar a conformar una sólida carrera como actor de teatro.

¿Cómo comenzó su carrera actoral?
Mi inquietud por el arte y por la actuación siendo niño, no necesariamente por mi entorno sino por el gusto de mi papá por el arte. Él siempre fue comerciante y por el barrio Los Laches tenía su negocio. Aunque concentrado en sus negocios, mi papá siempre tuvo un gusto especial por la música sinfónica, por el dibujo, por el arte en general y eso se notaba en la manera como se alegraba al ver algo bello. Es difícil de imaginar pero él, sin saberlo, fue quien me inspiró para convertirme en actor.
Cuando llegábamos a un sitio cualquiera y había una humedad en la pared él decía: “mire, eso parece el dibujo de un paisaje”, y nos poníamos a imaginar posibilidades como quien encuentra formas en las nubes.
En mi casa hubo poca música popular y fútbol, en cambio escuchábamos novelas radiales en las tardes y conciertos de música sinfónica que pasaban por la radio. Creo que eso también influyó en mis gustos artísticos de hoy.

De niños nunca fuimos a teatro de sala, ni a cine, pero cuando había teatro callejero mi papá nos llevaba a disfrutarlo. Fueron esos pequeños momentos los que fueron conformando en mí una noción positiva y cercana a las artes. Finalmente me llamó la atención eso mucho más que el ambiente complejo e incluso violento que se vivía en el barrio.
No fui el único al que le pasó, mi hermano Walter Luengas también se dedicó a la actuación y hoy es un reconocido actor de la televisión nacional. Además mi hermana Ligda es diseñadora de modas. Todos los hermanos en temas artísticos y creativos aunque valorando y manteniendo siempre la pasión por lo comercial en la familia.

¿El teatro fue la carrera que siempre quiso seguir?

Me empecé a interesar por el teatro en el colegio, el maestro que llegó a dar clases en el colegio puso mucho énfasis en el teatro callejero. Cuando salí del colegio empecé a estudiar Sociales, pero como siempre me llamó la atención actuar me inscribí en la Academia Superior de Artes de Bogotá, cuando la abrieron. Pensé que se trataba de cursos libres y me presenté a la audición. No pasé a la primera. Luego supe que se trataba de una carrera profesional, trabajada con mucha seriedad, así que me preparé y al fin ingresé, dejando de lado mis otros estudios.
Mi papá me pidió que no me dedicara a esto. Le preocupaba mi futuro económico y quiso persuadirme para que me dedicara al comercio como él, en parte lo logró porque mi segunda pasión es el comercio y por eso tengo una cigarrería en el barrio Santa Rita, donde la música de fondo es el jazz. Pero en ese entonces era el año 1992 y yo tenía que seguir mis instintos y me concentré a estudiar.

¿Cómo fue su experiencia como estudiante?

En la ASAB conocí a Giovanny Galindo, el director de La Barca a la Deriva, y a los demás actores de esa compañía de teatro que se conformó desde entonces. Somos la primera promoción de la ASAB y continuamos unidos, aunque la agrupación haya cambiado de nombre.
Nos volvimos muy cercanos porque en ese entonces el método de estudio era diferente, mucho más intenso. Los estudiantes de actuación nos manteníamos concentrados en la universidad. Como el espacio era limitado, teníamos ensayo en horario de 10pm a 6am, pues era el tiempo en que las aulas estaban vacías. Llevábamos colchonetas y pasábamos la noche en la universidad. Eran otros tiempos y ahora esto no se hace así, pero nos divertimos mucho.

¿Continúa actuando con sus compañeros de estudio?

Cuando terminamos de estudiar conformamos un grupo llamado La 702 con el que tuvimos la fortuna de trabajar en el Teatro Colón con el privilegio de ensayar allí todas las mañanas. Para ese entonces trabajábamos teatro religioso con obras que, aunque tenían elementos de crítica, fueron muy bien acogidas en Colombia y Latinoamérica.
Posteriormente comenzamos a involucrarnos con el teatro para niños, a realizar adaptaciones que pronto se volvieron famosas y nos presentamos muchas veces en el Teatro Nacional. Canción de Navidad, El Jorobado de Nuestra Señora, La Bella y la Bestia y Pinocho, son algunos de los montajes que realizamos desde ese entonces y aún siguen teniendo una amplia acogida, porque se trata de clásicos con temáticas profundas que siempre tendrán relevancia.

Fuimos felices con la 702 por muchos años. Infortunadamente errores administrativos llevaron a la culminación del grupo y todos los actores nos quedamos a la deriva, sin saber por dónde seguir. Así que Giovanny asumió el liderazgo de la agrupación y rebautizó el grupo como ‘La Barca a la Deriva’ una compañía que conserva el mismo equipo actoral y repertorio, pero que requería un cambio de imagen.

¿Además de La barca a la deriva, a qué otros proyectos se dedica?

Nunca he dejado la actuación porque me apasiona este mundo. Actualmente estoy dirigiendo el grupo Pocillo Roto, con el que hemos experimentado con diferentes montajes. El año pasado hicimos ‘Vamos a contar mentiras’ del dramaturgo español Alfonso Paso. Fue una experiencia muy buena porque pudimos ponernos en contacto con una de sus hijas quien estuvo muy feliz y agradecida de saber que aquí apreciamos el trabajo de su padre.

Esa obra la presentamos en el Teatro Villa Mayor con gran éxito. Ese teatro para mí es muy importante no solo por lo cálido que es su público, sino porque funciona como un termómetro para las obras. Dependiendo de la reacción de los asistentes en el Teatro Villa Mayor podemos determinar si la obra está lista o si necesita ajustes, porque es un público diverso, algunos llegan por primera vez a ver teatro y otros ya han estado asistiendo con regularidad por años y eso genera un conocimiento interesante, no a nivel académico, sino de experiencia en sala.
El cariño que tengo por el Teatro Villa Mayor va de tiempo atrás.

Hace 10 o 12 años me presenté en ese teatro con la obra ‘La meretriz enamorada’ con el que tuvimos una mini temporada de 3 funciones, lo hicimos porque quisimos, sin siquiera recibir pago, solo por el gusto de presentar nuestra obra a los vecinos del sector. Ese tipo de iniciativas funcionan muy bien porque en el sur hay mucha inquietud por el arte y el Teatro Villa Mayor es un bello espacio para acceder a ello.